Los más pequeños manejan pantallas táctiles de forma natural y han crecido conociendo como parte de su entorno los dispositivos electrónicos e Internet. El teléfono ofrece a los padres la gran ventaja de estar en contacto con el menor, pero también es la puerta de entrada de algunos riesgos para la seguridad y la privacidad de los datos personales del niñ@ e incluso de su propia integridad física y psicológica. Es un dispositivo que siempre le acompañará, que almacenará sus datos e información personal a la que podrán acceder terceros y que irá acumulando datos de otras personas como amigos, profesores, familiares, etc. A esta situación hay que añadir que no siempre podrá contar con la supervisión de un adulto.