Volviendo hacia atrás unos pocos años no se entendería por qué lleva tanto peso esta fecha. No se llegaría a apreciar el esfuerzo empleado para crear este día, ni la dificultad que conllevó. O el dolor que produjo.

Hoy en día hemos sido capaces de destaparnos los ojos y por fin llegar a ver con claridad el camino sangriento que nuestro legado anticuado ha dejado a su paso, haciendo visibles los horrores que durante milenios solo se han conocido por aquellas excesivas almas las cuales no poseyeron la valentía de intentar hacer sonar la justicia ante oídos sordos. Nosotros hemos sido capaces de optar por un futuro repleto de los valores que constituyen una sociedad humana, y no bárbara, no obsesionada con asegurarse de que lo único que quede para nuestros descendientes sean las ruinas de las promesas que nunca llegamos a cumplir. Pero antes, mucho antes, no solo vivíamos en un mundo en el que era increíblemente fácil infravalorar al 50% de la raza humana: Lo habíamos convertido en una necesidad justificada ante nuestros ojos. La mujer, cuyo crimen era haber nacido como el sexo equivocado, era vetada de los lujos de la vida como el voto, la justicia y el respeto, por miedo a lo que llegaría a hacer con ellos.

¿ Qué tememos, exactamente? ¿Qu é horrores esperamos de alguien dotado de privilegios tales como la educación, la cultura y la ética? ¿Acaso nos llena de pavor la idea de trabajar juntos para crear una sociedad mejor para todos sus miembros, y tenemos entonces que recaer en el odio y el miedo para impedir su desarrollo? ¿Acaso nos parece absurda la idea de la tolerancia mutua en una sociedad que entiende la violencia como único lenguaje?
La tendencia hacia valores destructivos para nuestro propio desarrollo es un valor inherente del pasado, no de nuestro futuro. Son valores que se reconocen en la caída de una cultura, nunca durante su punto más brillante
y memorable en la história. ¿Será entonces, por casualidad, que los puntos más innovadores de la humanidad coinciden con esplendores intelectuales en donde por un momento se considera también a la mujer como individuo, y se aceptan sus pensamientos e ideas? ¿Será una coincidencia que en la Alejandría de alrededor del siglo V, la cultura griega llegase a un punto extraordinario de desarrollo gracias a la filosofía de Hipatia, una mujer
intelectual, antes de que cristianos fanáticos atacaran la ciudad y la asesinaran en 415 por atreverse a creerse igual que ellos? ¿O que con la promesa de libertad, fraternidad e igualdad tras la Revolución Francesa, los
líderes de la Revolución llegasen a ejecutar a Olympe de Gouges en 1793 por preguntar si esta transcendencia social también se aplicaría sobre la mujer?
Por nombrar los mártires del género explotado se podría crear una lista tan extensa como los siglos de injusticia que han sufrido las mujeres. Solo es ahora, en la edad de la tecnología, cuando por fin podemos destapar las
indefinidas censuras de la historia humana y encontrar aquellas guerreras que vivieron y murieron por sus causas, solo para demostrar que ellas nunca se someterían ante los valores de la sociedad misógina, por poco numerosos que fueran sus aliados. ¿Acaso se nos ha escapado la macabra ironía de matar y suprimir a tantas mentes intelectuales? ¿No nos parece necio intentar defender el conocimiento y la sabiduría mediante la persecución y rechazo de la mitad de posibles mentes brillantes de la humanidad?
Si tomamos un momento para considerarlo, la gran mayoría, sino todas las mujeres más destacadas de la historia, poseían además de inteligencia y una afinidad hacia la belleza de las artes (cruelmente ignoradas), el deseo de ver a la mujer igual que el hombre. Nada más, ni nada menos. Pero no es que sea una coincidencia que estas personas dotadas de mentes astutas y racionales busquen un feminismo que asegure un futuro exitoso
para todas las generaciones- Es inteligente quererlo.Todos lo podemos ver. Nuestra fuerza proviene de la suma colectiva de todas nuestras ideas y desarrollos debatidos y explorados por la cantidad más grande de personas posible, hasta asegurarnos de que el progreso sea lo más impetuoso posible. ¿No podéis ver que las feministas luchan por el bien de la humanidad entera y no solo por la mujer?
¿Acaso nos hemos olvidado de que todos somos brillantes y vitales en nuestra caótica existencia llamada vida? ¿No somos todos los hijos y las hijas de héroes, pensadores e innovadores de las naciones de la antigüedad?
Luchemos no p or el poder de una minoría concreta- luchemos por todos, cada ser vivo en la Tierra que busca vivir con nada menos que paz y felicidad en sus vidas, esperando que el futuro sólo esté lleno de maravillas
y los fru tos del bien. Es justo aquí donde las mujeres son idénticas a los hombres, al fin y al cabo, somos todos espíritus empoderados por la búsqueda de la perfección en nosotros mismos y en nuestras culturas y sociedades.
El deseo de someter una persona, cualquier persona, bajo tu control es una muestra clara de inseguridad y miedo ante el progreso, ante ser ‘humano’. Hemos vivido rodeados por monstruos durante demasiado tiempo,
demasiadas almas han sido extinguidas por los intereses de unos pocos que comandan las guerras desde la seguridad de su propia cobardía. Entonces somos nosotros, los hermanos y hermanas de una chispa de esperanza ante un mundo libre de odio y de terror los que debemos de luchar, no ellos. Luchar no con armas, pero con el poder de nuestras palabras y nuestra moralidad.
Que nuestro origen y fin sea espiritual, religioso, ambiguo o desconocido no importa. Poseemos la libertad de creer en el ultimátum que tenga más sentido para nosotros, pues esta misma libertad fue ganada a pulso, tanto
con el diálogo, como con sangre.
Pero lo importante es que todos nosotros, ignorando todas las barreras que nos han separado durante nuestros primeros momentos de existencia, no olvidemos que cada vida es significativa. Cada uno de nosotros ha sido una ni ña o niño lleno de esperanzas por el bien del mundo.
Nunca nos olvidemos de que la manera más digna de vivir es con el deseo de ver a todos y todas tan felices como tú mismo deseas ser.