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Categoría: Biblioteca al habla ...
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El burgués tiene que estar toda la vida demostrando quién es; el aristócrata ya ha demostrado quién es en el momento de nacer.

La mujer justa: Sándor Máray, p. 14; Barcelona, Ediciones Salamandra 2005

En este libro, lectura de abril en nuestro CLUB DE LECTURA ÍTACA, se trata la intensa narración de un triángulo de relaciones: dos mujeres (Márika y Judith), la una perteneciente a la burguesía, la otra, proletaria y un hombre (Péter), que es representante de la alta burguesía de Hungría (Budapest), a través del diálogo/ monólogo de cada uno de ellos con unos interlocutores mudos, que solo sirven de apoyo a la narración de todos (amiga de la narradora en el primer cuento, amigo del narrador en el segundo y amante en el tercero de los monólogos). Las dos primeras narraciones se enmarcan en el espacio de la ciudad de Budapest, antes del asedio de esta por parte de los nazis y del Ejército Rojo de los rusos, y la tercera, transcurre tras el asedio, en este caso en Roma.

Hay en definitiva distintas perspectivas de un mismo hecho: el aparente amor desenfrenado de Péter por Judith, la reacción de esta y la de su primera esposa: Márika.

Existe, además un personaje fundamental, alter ego del autor, Máray, que se llama Lázar y es escritor. Este, sirve de apoyo a los tres personajes y va desarrollando un intenso papel sobre todo en el último de los monólogos, ya que se dedica bastante espacio a explicar profundamente su carácter y acción, tomando así un protagonismo que no ha tenido antes.

La narración es bastante intensa, detallada, rica en matices, lenta y cargada de descripciones acerca de los pensamientos, reflexiones pormenorizadas del alma de cada uno de ellos. En Márika, el foco se pone en la admiración y el amor generoso hacia su marido, Péter. En este, se nos profundiza en su condición social que lo hace actuar de determinada manera en la vida, sin que él nada pueda hacer. En Judith, la mirada es más global y completa, pues además de la explicación sobre las relaciones humanas, se trata el desarrollo de la situación del país durante la Segunda Guerra Mundial, donde la lucha de clases y el papel de cada uno en un mundo a punto de desaparecer encuentra partida. Para ello, será Lázar el escritor quien mostrará la ideología y pensamiento de Sándor Máray sobre el tema.

El uso de la primera persona, presente en cada relato, nos introduce de manera directa en el carácter y función vital de cada personaje. Todos distintos y condicionados por su clase social.

Los mismos acontecimientos vistos por tres diferentes puntos de vista, sorprenden enriqueciendo las ideas al lector, que es en el último relato, donde con un final cerrado, muy poderoso, comprenderá realmente la historia.

El título del libro, La mujer justa, alude a la justicia de la verdad o la corrección desde la moral. Cada personaje se crea así según su pensamiento, dándonos a conocer que la justicia es relativa, subjetiva, especialmente en el amor, el matrimonio o el conflicto emocional, donde tiene mucho que ver el contexto social y político de cada cual. Así, Márika, se cree justa por haber cumplido con lo que se espera de ella según su clase, a pesar de la traición de su marido, Péter. Su justicia es deber. En él, sin embargo, la justicia tiene relación con la imposibilidad de zafarse de su clase, impuesta y no elegida; su justicia es fidelidad a sí mismo. En Judith, la justicia es social, tiene que ver con el amor instintivo. No hay mujer justa porque no hay persona justa. Nadie lo es. Todos lo son desde su perspectiva siempre incompleta. Cada personaje se justifica largamente y ninguno tiene la razón. Tal vez, sí Lázar, el personaje más total, observador constante y reflexivo no solo de la historia pequeña, sino de la historia del país. De ahí, que reivindique la lectura y las palabras cuando ya todo está perdido (al final de la historia, él se dedica a leer solo diccionarios). Como escritor, se aferrará a los vocablos y su pronunciación para no olvidar su propia lengua, lo único que nadie puede quitarle. Entonces, dejará de escribir para no ser malinterpretado, lo mismo que Máray, quien dejó su testamento literario para Hungría, pero se encargó muy bien de decir, que solo cuando se fueran de su patria los comunistas.

Podríamos decir que, según cada relato, emocionalmente, la esposa convence, se trata de un relato amoroso; racionalmente es el esposo quien lo hace, es un relato filosófico y existencial y socialmente es Judith quien nos hace tomar partida por su perspectiva, relato social.

En cualquier caso, se trata de una lectura muy recomendable, muy rica lingüísticamente hablando, plagada de sugerencias, comprometida con su tiempo, aunque hay que leerla despacio si se quiere comprender, tal es la profundidad y complejidad de lo que se cuenta. Un retrato perfecto de una época dificilísima para Europa en ese momento, de ahí la riqueza de matices y el detalle del punto de vista.

Nos quedamos con esta cita que, hacia el final de la novela, corresponde a la actitud del personaje Lázar, que intuimos pensamiento del autor, que ante tanta calamidad vivida recurre a la única opción que lo acerca a la verdad de las cosas: la importancia de la Lengua como cultura que jamás deben quitarnos porque jamás debemos olvidar:

De vez en cuando pronunciaba en voz alta una palabra húngara; miraba hacia el techo y soltaba la palabra para que pudiera volar como una mariposa… Sí, recuerdo que una vez dijo precisamente esa palabra… mariposa…y la siguió con la mirada como si de verdad fuera una mariposa que aleteaba por allí, delante de él, bajo la dorada luz del sol… y él observaba a esa bailarina celestial, ese baile del hada de la palabra magiar, y parecía que se amansaba porque aquello era lo más hermoso y lo más importante que le quedaba en la vida. Al parecer, en el fondo de su corazón ya había perdido la esperanza por los puentes, las tierras y las personas. Ya solo creía en la lengua húngara, esa era su única patria (p. 403)