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Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente, se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.

La flor piensa: Es como una flor.

Llegados a este punto, pienso en estas palabras de Cortázar y me siento como esa flor, como ese cronopio, que no quiere dejar de mirar por ella, por vosotros, en este caso.

El tiempo, una hormiguita que anda y anda, también en palabras de Julio Cortázar, nos ha colocado en este lugar.

Aún recuerdo claramente nuestro primer encuentro, fue en el aula 19 y fue el año de la Pandemia, aún no lo sabíamos, pero vosotros y yo habríamos de vivir momentos realmente históricos. Cuando la primavera apenas empezaba a cubrir los campos de delicados colores, sonidos y olores bellos, nosotros nos veíamos obligados a quedarnos encerrados en casa y a continuar nuestra enseñanza virtualmente, qué contradicción. Entonces, pensé que habíais sido grandes alumnos y alumnas porque nunca desdeñasteis el trabajo que yo, incansable, aturdida e incrédula, os mandaba casi cada día. Virtualmente estudiamos el Renacimiento, fijaos qué paradoja, ese locus amoenus, esa paz y equilibrio, esa vuelta a los orígenes, lo aprendimos cuando muy poco podíamos disfrutar de los lugares abiertos, de la paz del campo, de la libertad de las ideas: el Renacimiento.

No he parado de agradeceros, lo sabéis, vuestro comportamiento; como profesional, lo que más me importa es compartir momentos con alumnos, con alumnas, que respetan mi trabajo, que saben estar, y que tienen interés en lo que a veces se les presenta, en ese sentido habéis sido ejemplares, siempre he estado a gusto en vuestra presencia y eso me encanta.

Gracias por vuestro gesto de interés, ganas y, sobre todo, gracias por el respeto, esa palabra.

El segundo año, histórico también, nos ha costado increíblemente haber llegado intactos a este momento, quién lo diría, el año se presentaba tan difícil, tan incierto y mirad ahora, aquí estamos en la casilla de salida a otros mundos tan interesantes, ¡qué alegría!

Sé que haréis una buena Selectividad, los que elijáis esta opción, porque tendréis muy en cuenta lo aprendido, porque daréis su lugar a la redacción, a la explicación certera y exhaustiva, porque entenderéis y los leeréis con intención, los textos, sean literarios o no, todos nos enseñan o eso he creído siempre.

Y me encanta pensar no solo que seréis buenos/as profesionales, médicos/as, profesores/as, veterinarios/as, mecánicos/as, sino, sobre todo, buenas personas.

Disfrutad de vuestro nuevo tiempo, no olvidéis lo vivido, ahora me remito como siempre hago a Antonio Machado, se hace camino al andar y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar, pero sabemos que sí, que la memoria siempre estará ahí haciéndonos, conformando lo que ahora somos, lo que ahora sois, lo que ahora soy.

Amad la trama, más que el desenlace, vividla y alegraos de tenerla. Si la vives conscientemente, puedes contarla, lo decía el gran García Márquez. Las ítakas son el camino, no el fin. Pedid que este sea largo.

Yo os deseo para vuestro camino mucha SALUD, mucho AMOR, y, sobre todo, esta vez en palabras de Benedetti, muchísima ALEGRÍA. Defendedla, siempre.

Au revoir, les enfants.

LA LECCIÓN, PABLO PICASSO (1932)