- Detalles
- Escrito por David Collis
- Categoría: Pensando en verde ...
- Visto: 101
Pasa mucho tiempo el caminante solo en las marismas y en no pocas ocasiones regresa de ellas con más preguntas que respuestas. Algunas veces intenta encontrarlas, las respuestas, en los libros de ornitología que tiene en su biblioteca; en pocas ocasiones, dado su extremo pudor, acaba llamando a algún amigo pajarero en petición de auxilio. La mayoría de las veces se enreda en desacertadas suposiciones o especulaciones; o en pensamientos tan melancólicos como estériles.
Sucedió así una mañana en que encontró en mitad de un camino de tierra próximo a la marisma una hermosa avecilla que el caminante no tuvo dificultad en identificar porque la había visto no hacía mucho en un libro sobre aves migratorias. Se trataba de una collalba gris macho; tenía el dorso gris azulado, las partes inferiores de color ocre y un antifaz negro, tan característico de las collalbas.
Add a comment- Detalles
- Escrito por Jandaguillen
- Categoría: Pensando en verde ...
- Visto: 190
El caminante dirigió sus pasos una mañana hacia un pinar en cuyo interior se hallaban las ruinas de una ermita visigoda levantada sobre los restos de una antigua villa romana. En alguna ocasión había acudido allí para fotografiar nidos de cigüeñas pero esa mañana seguía el rastro de un ave que, de manera inusitada, andaba por la zona desde hacía unos días. Se trataba de un ibis sagrado que probablemente se había escapado de alguna colección privada y había provocado cierto revuelo entre los pajareros porque esta ave, residente en el África subsahariana, era considerada un ave invasora en Europa; sus desplazamientos migratorios se producían siempre dentro del continente africano.
Add a comment- Detalles
- Escrito por David Collis
- Categoría: Pensando en verde ...
- Visto: 158
Diríase que el caminante, ave poco dada a aventuras migratorias, acostumbra a pasar las noches en dormideros conocidos. En contadas ocasiones se aleja de marismas y humedales cercanos; es, más bien, un humano perezoso y acomodaticio que, roto casi el navío, busca abrigo en puertos seguros y alejados del mar tempestuoso. No pudo decir que no, sin embargo, a la invitación que le hizo un amigo para pasar unos días en una sierra no muy lejana donde habitaba un simpático pajarillo a quien tenía ganas de conocer. Fue así como se vio una mañana de marzo en dirección a un pequeño pueblo asentado en una ladera de montaña y rodeado de bosques de castaños, encinas y alcornoques. A pesar de sus reticencias iniciales, el caminante se sintió bien nada más llegar a aquella diminuta localidad de apenas doscientos habitantes; le agradaban sus calles irregulares y empedradas, la afabilidad de sus gentes, el sonido del agua que fluía por sus arroyos.
Add a comment- Detalles
- Escrito por David Collis
- Categoría: Pensando en verde ...
- Visto: 238
El caminante recordó unos versos de Borges la mañana en que tuvo delante a un alcaudón común, avecilla paseriforme de cabeza teñida de rojo y larga cola. Permaneció quieta sobre un poste que utilizaba de posadero durante unos segundos, suficientes para que el caminante pudiera hacerle algunas fotos. Creía haber leído alguna vez que el nombre le venía del árabe hispánico alqabtún y hacía referencia al considerable volumen de su cabeza en relación con su diminuto cuerpo. Le cruzaba la cara una franja de plumas negras a modo de antifaz que contrastaba hermosamente con el blanco marfil de su garganta, pecho y vientre. No era un ave mosquitera, se alimentaba de escarabajos, saltamontes, lagartijas, otros pajarillos…
Add a comment- Detalles
- Escrito por David Collis
- Categoría: Pensando en verde ...
- Visto: 439
Sucede a veces que el caminante aprovecha el desvelo nocturno para madrugar, tomar un café de grano recién molido, preparar la mochila con los trebejos habituales (prismáticos, cámaras de foto, guía de aves…) y marcharse a las inmediaciones de la laguna, adonde llega cuando el sol comienza a despuntar por el Este. Esas primeras horas del día son óptimas para el avistamiento de aves. La luz es cálida y suave y tanto en las tierras de cultivo como en el aire del amanecer percibe el caminante, con agrado, algo prístino y misterioso, inmaculado y seductor; un lento despertar del mundo. Las aves emiten sus primeros cantos, abandonan sus dormideros y comienzan a dispersarse en busca de alimento. Son momentos de máxima actividad que el caminante aprovecha para recoger en algunas instantáneas.
Add a comment- Detalles
- Escrito por David Collis
- Categoría: Pensando en verde ...
- Visto: 484
Se dice el caminante que la emoción es una traviesa paseriforme que en ocasiones le asalta en el camino, juguetea momentáneamente con él y desaparece, dejando en su alma un poso de alegría. Esa emoción suele llegar de la mano del asombro y entonces ambos, emoción y asombro, liberan bruscamente una energía, a modo de resorte, para desplazar al caminante, como si de un peso muerto se tratara, a un lugar donde nunca estuvo y desde donde, tal vez, jamás regrese.
Sucedió así una tarde de finales de agosto en que el levante azotaba con desmedida fuerza la costa del Estrecho. El caminante había salido a pasear para aliviar el aturdimiento en que lo tenían sumido el viento y el calor. Con ese tiempo, a pesar de que llevaba las cámaras y los prismáticos, no esperaba encontrar muchos pájaros en las proximidades de la laguna; por eso le sorprendió ver, repartida por los campos de labranza, una inusitada cantidad de aves esa tarde; estaban todas ellas en el suelo, inmóviles, mimetizadas con los terrones de tierra parda, compacta y seca del período estival.
Add a comment






