Contar historias muy breves y, sin embargo, sentirnos sorprendidos o atrapados por el relato, no es tarea fácil. Lo inesperado debe esconderse tras el título, quizás debe guardarse hasta el final, o sencillamente se trate de sentirnos atraídos por la lectura de una buena historia que se escribe de manera correcta y nada más. Todo es posible en un microrrelato.
Todo, o casi todo…
En nuestra clase de Lengua lo hemos intentado, enfrentarnos a la posibilidad de decir con brevedad. Dejamos por aquí dos muestras:
¿ALGO MAL EN MÍ?
Cuando cae la noche me es imposible dormir. Me quedo horas pegado al móvil, sin límite y no es porque tenga algún tipo de adición, es porque estoy realmente aterrado.
Si dejo que la noche me consuma, las voces salen a la luz y todavía estoy buscando qué es lo que me acosa, porque no tengo ninguna duda de que me están vigilando.
La noche antes de Halloween, como no podía ser de otra manera, fue la más difícil porque ahí fue donde acabó todo; fui a la cocina, el hambre me estaba matando, era insoportable. Entonces, en ese momento, descubrí la verdad, en la nevera, pegada con un imán, había una carta que explicaba muy detalladamente que un nuevo asesino merodeaba por las calles de mi barrio.
Seguramente eso lo puso ahí mi padre, en un intento de advertirme para preservar mi vida, él ahora estará dormido. Me asomé a la ventana, estaba inquieto, a pesar del frío, el cielo estaba precioso, limpio, como si lo hubieran acabado de lavar, y ahí lo vi, claramente.
El cuerpo frío y sin vida de aquel asesino se encontraba sobre el césped de mi casa, y ahora la duda es ¿quién mató al asesino?
LUCÍA PARRA, 3º ESO B
¿CÓMO SE LLAMARÁ ESE GATO?
Una tarde como cualquier otra, fui a dar un paseo a la playa. Nada había cambiado pues el mar estaba como el día anterior, un poco de viento soplando y el rugido de las olas que se oía como siempre. Al poco de empezar mi paseo, me encontré de nuevo con el gato blanco, el mismo que también vi el día antes, la semana antes… Me atreví a llamarlo, pero no me hizo ni caso, lo llamé de nuevo y fue peor aún, comencé a decir nombres al azar a los que claramente el gato no respondió. Tendré que probar de nuevo la próxima vez. A lo mejor tengo suerte.
LEÓN MOLINA, 3º B
